
Con una audiencia record para el inicio de su cuarta temporada el pasado 25 de julio, Mad Men tiene la paradójica capacidad de ser una serie sobre los inicios de ese marketing masivo estilo Madison Avenue que todos conocemos y, al mismo tiempo, un reto, una condena incluso, a las fórmulas del entretenimiento y el marketing de masa.
Creada por Mathew Weiner - Los Soprano - para AMC y distribuida por HBO, la serie opera bajo la premisa de que la calidad en la producción visual, pero ante todo en la narrativa, debería ganarle a los trucos consabidos de otras series.
Ganarle no sólo a la hora de cosechar nominaciones de la crítica y premios, sino a la hora de romper records de audiencia, convertirse en un evento cultural e incluso, cosechar jugosos contratos publicitarios.
De esto último trata la reciente nota de Brandchannel: Mad Men se ha convertido en un paraíso de branding para aquellos que quieren demostrar su pedigree. Heineken, Zippo, Hilton, etc., aparecen indisolublemente unidas a la trama de varios episodios, tan indisolublemente que nadie sabe qué marcas han pagado por aparecer en la serie.
Ese es el quid del Product Placement, quien paga por él no paga por tiempo en pantalla, paga por relevancia narrativa, la esencia de la marca en esta época de mercados saturados y audiencias hastiadas del viejo marketing basado en los impactos y la repetición.