Decidir desgasta el ego
Un número reciente del Sunday Magazine del New York Times incluye un novedoso artículo http://www.nytimes.com/2011/08/21/magazine/do-you-suffer-from-decision-fatigue.html?_r=1&ref=magazine sobre los últimos avances en el conocimiento de un concepto que preocupa más y más a los mercadólogos y politólogos ante la sobreabundancia de la oferta: la fatiga decisional (decision fatigue).
Que el consumidor no quiere enfrentar continuas decisiones es algo que cualquier especialista en branding entiende. De hecho, una de las funciones básicas de la marca, la más importante dirán algunos, es proporcionar un atajo al proceso de decisión, lograr, en el mejor de los escenarios, que el consumidor tome nuestra marca "por default". La conveniencia de evitar el exceso en la oferta es algo que retailers como Costco y Walmart han entendido cuando en lugar de aprovechar sus vastos espacios para vender poco de mucho (como sugiere Chris Anderson), ofertan mucho de poco: ir a un Walmart es mucho más fácil para un comprador con poco tiempo que ir, digamos, a un Superama lleno de novedades y compras de capricho.
Todo esto se sabía. La novedad del artículo es que reporta cómo Roy Beumeister de la Universidad de Florida, ha acuñado el témino "ego depletion" (agotamiento/vaciado del ego) para describir sus hallazgos en torno al empobrecimiento yoico que aqueja hasta a las voluntades más fuertes cuando se ven forzadas a decidir constantemente.
Los supermercados ya habían detectado que, paradójicamente, son los consumidores menos opulentos quienes más probabilidades tienen de sucumbir ante la tentación de las golosinas y refrescos en la caja. Lo que hace el concepto de Ego Depletion es explicar por qué: después de un estresante recorrido decidiendo qué comprar y qué resistir, el auto control del consumidor de escasos recursos queda agotado y necesita "rellenarse" con una indulgencia.
Lo del "rellenado" es literal. Beumeister y su equipo han encontrado relaciones indisputables entre los niveles de glucosa de los tomadores de decisión y su mayor o menor fuerza yoica. Que se trate de un consumidor cansado de decidir qué comprar o de un juez que lleva toda la mañana juzgando a criminales o de un alto ejecutivo tomando riesgos de millones de dólares a largo de todo el día, lo cierto es que la capacidad para decidir se debilita con la práctica continua. El agotamiento en energía psíquica está directamente ligado a los niveles de glucosa.
El efecto Rubicón lo llaman. No es mientras pondera o después de pasar el río, sino en el mismo momento de tomar la decisión y ejecutarla que hasta el ego del mismísimo Julio César está en su momento más débil. Es justo entonces que hasta una voluntad tan fuerte sería más vulnerable a cualquier seducción.
Ahora bien, y aquí está lo terriblemente triste e injusto del hallazgo, que la fuerza yoica de un César, un Churchill o un alto ejecutivo están directamente relacionadas a su contexto y a su alimentación.
En efecto, una dieta rica en proteínas estabiliza nuestros niveles de glucosa, una situación solvente evita el desgaste continuo del yo en pequeñas decisiones: qué comeré hoy, cómo pagaré la renta, cómo llegar al trabajo más barato.... La tragedia del pobre es que no sólo suele tener niveles más inestables de glucosa, es que su yo se desgasta crónicamente en mil urgencias cotidianas.
Un círculo vicioso similar aqueja al obeso que hace dieta: necesita un ego fuerte para controlar su impulso de consumir calorías, pero necesita glucosa para fortalecer ese ego.
¿Cómo tener el ego "lleno" para tomar decisiones cuando cuentan? El sentido común diría que no hay que tomar decisiones con la panza vacía. Seguramente los estudios conducirán a recomendaciones involucrando pausas para rellenar ego y glucosa, una alimentación fuerte en proteínas y una vida disciplinada que nos ahorre el despilfarro en pequeñas decisiones - algo así como el truco de Einstein que tenía varias copias del mismo traje. Inversamente, es de temer que también deriven en recomendaciones para aprovechar los egos agotados de la mayor parte de la población pobre en hábitos y glucosa.

Muy interesante, iniciándome como usuario del blog
ResponderEliminarFelicitaciones a Alfredo por la iniciativa de la creación de este blog. Aplaudo el espacio para intercambiar opiniones -intercambio enriquecedor- y además sacar partido de estos medios modernos de comunicación.
ResponderEliminarEntando en materia...
La información que proporciona el artículo me deja inquieta nuevamente en cuestiones que ya tienen rato afectándome.
Los datos presentados parten de una premisa que difícilmente se cuestiona, a saber, el paralelismo entre el mundo de lo mental y el mundo de lo biológico. El mundo de lo biológico puede explicar el mundo de lo mental. Gran tentación... los misterios de la mente, la complejidad de la psique se disuelve, se elimina lo subjetivo, no más interpretaciones. ¿Será posible? Lo dudo. La psique reducida al dominio de las reacciones biológica, de la medición precisa y exacta de los niveles de glucosa. La glucosa se convierte en la explicación de las decisiones de compra, del desgaste del ego, del ego fatigado. Y, la esencia de lo humano dónde queda.
Considero que los conceptos y metodologías de las ciencias duras no pueden explicar los fenómentos humanos. Las ciencias de lo social requieren otros conceptos, otras lógicas de análisis. Además falta aclarar cómo dos mundos de tan disímbola naturaleza se afectan. O sea, como el mundo de la mente que es etéreo,sin tiempo, sin espacio puede influir a un mundo físico que es tangible, que está en un tiempo y un espacio. En fin, cuestiones interesantes para reflexionar.....
Para reflexionar y discutir. Sobre todo si en algunos casos no se trata de un naturalismo inocentón, sino de una posición tomada en torno a la ausencia de una "esencia humana". Véanse las sugerentes discusiones sobre el asunto en The Stone, una especie de blog filosófico del NYT. Dicho en términos nietzscheanos: ¿Dónde queda la esencia de lo humano? Respuesta:¿Por qué es necesaria la creencia en tales esencias?
ResponderEliminarEn lo que a mi toca, el misterio no está en lo humano vs lo "meramente biológico", la mente-alma vs el cerebro, esos humanismos reactivos; el misterio es muy anterior, antecede la distinción sujeto objeto, razón emoción y demás dicotomías: ¿Qué demonios es lo que es?
Dicho esto, sin embargo, y para aquellos que no estén para poner en suspenso ni a objetos ni a sujetos, los hallazgos objetivos de la biología obligan a redefinir a su correlativo subjetivo. Es decir, no hay humanismo posible de espaldas a los biologismos. Ahí está la mayor parte de la discusión hoy: ¿dónde queda "lo específicamente humano" cuando la biología extiende sus dominios?